Un viaje a través del teatro Una reflexión de este curso 2023-2024 que ha estado plagado de teatro, emociones fuertes, locos superhéroes y mucho, mucho baile. Los porqués de cada obra Hacia octubre o noviembre del año pasado y como es habitual cada año, llega el momento de plantear lo que se va a preparar en los sucesivos meses, los primeros del 2024, para llegar a junio con todo listo para representar las propuestas de los alumnos. Siempre con la intención de que el trabajo sea lo más interesante, divertido y emocionante posible y que se adapte a las características de cada uno de los grupos. Es una tarea que lleva su tiempo y en la que hay que poner mucha atención, puesto que siempre es nuestro objetivo el mantener la balanza equilibrada entre lo didáctico y lo lúdico. Por eso, las obras de teatro que se plantean han de ser atractivas tanto para el que viene a divertirse a las clases como para el que quiere profundizar en el descubrimiento personal, ya que ambos objetivos, a mi modo de ver, nunca están reñidos. Obstáculos Desde el momento en el que decido qué obra es la adecuada para cada grupo, surgen varios aspectos con los que batallar, el primero de estos obstáculos es el tiempo. Hay que tener el texto de la obra, además del reparto asignado, lo antes posible, para que los alumnos puedan empezar con la memorización de sus líneas y así iniciar el periodo de ensayos lo antes posible. De enero a junio, a veces, primeros de julio, es una etapa de intensa actividad, donde la planificación juega un factor esencial para llegar al inicio de verano con la seguridad de que lo que van a ver los espectadores es un buen trabajo. Por lo que, como dice el refrán, “vamos sin prisa, pero sin pausa”. Otro aspecto a tener en cuenta es la diversidad de las propuestas, que si bien no tiene que ser un obstáculo en sí mismo, si es algo que acarrea una seria dificultad. Hay que mantener un orden y un concierto en las diferentes exigencias de un montaje (música, vestuario, atrezzo y escenografía) y ver el grado de presencia que van a tener en cada uno de los montajes. Por ello, saber diferenciar qué es lo que primero demanda cada tipo de montaje es fundamental, porque será con lo primero que haya que ponerse y lo primero que tendremos que organizar. Cada maestrillo tiene su librillo, pero yo considero, así a modo de ejemplo, que una comedia debe enfocarse primero en entender bien los chistes y el ritmo de la comicidad, así como, en este caso, comenzar con el diseño de los personajes, su vestuario y caracterización porque eso hace que los actores empiecen con buen pie, bien informados y orientados al resto del trabajo. En un drama, por su parte, el trabajo de los conflictos, es necesario para que los alumnos puedan ir entendiendo la obra, además de que al tratarse de un drama de época, era importantísimo empezar con el vestuario, ya que algunas cosas fueron complejas de encontrar o había que hacerlas. En el caso del musical era conseguir avanzar pronto con la explicación de las coreografías para poder tener el máximo tiempo para ensayarlas. Así que tratar de coordinar todo esto y no volverse loco es lo primero que pasa por tu mente. La escenografía también es un gran e importante caballo de batalla, este año apostamos por la reutilización. Si bien con propuestas tan dispares como las que teníamos entre manos es imposible repetir todo lo que está en escena, tampoco es lo más deseable, sí tratamos de usar algunas estructuras en varias de las obras. Si utilizas diferentes ornamentos y tu creatividad puedes convertir un porche en parte de un hotel griego o en una casa de la campiña inglesa. También la iluminación como elemento que “pinta” la escena disfraza los objetos, los rebautiza y los convierte en otros para que encajen en diferentes ambientes. Descubrimientos y retos cumplidos Este curso ha sido una época vibrante, hemos sacado adelante una comedia gamberra, un drama histórico, un musical y tres propuestas de teatro protagonizadas por adolescentes y niños. Estamos muy contentos con los resultados. Personalmente adoro las enormes posibilidades que se nos ofrecen al enfrentarse a propuestas tan variopintas. Crear esos diferentes mundos es una maravillosa oportunidad de convertirse en un camaleón que va aprendiendo de diferentes sinergias. Cuando estás enfrascado en el desarrollo de una comedia gamberra y de aventuras como lo es “Ratman & Bobin” aprendes a darle vital importancia al ritmo de la comedia, a entender qué cosas son prescindibles y cuáles no al servicio de la agilidad de la trama, aprendes a valorar las escenas de lucha no sólo como momentos muy llamativos, sino como partes esenciales de esa comicidad. Cuando te enfrentas a un drama tan bonito y eterno como “Sentido y sensibilidad” redescubres la importancia de la buena literatura, de las historias y emociones que perduran en el tiempo y que conectan con tu yo adolescente, enamoradizo y visceral. Te das cuenta de cómo este tipo de historias enamoran al público y cómo es una buena idea apostar por ellas, por el vestuario, por su luminosidad, colorido y vistosidad. Me encantan las historias de otras épocas y creo que esta vez he aprendido mucho de la estética de un periodo tan interesante como finales del S.XVIII, hay siempre muchos detalles y especificaciones que hacen reconocible los cambios de siglo y llegar a descubrirlos me fascina. Si seguimos hablando de descubrimientos y retos del aprendizaje, llevar a buen puerto un musical como “¡Oh! ¡Madre mía!” ha consistido en una verdadera prueba de planificación. Comprender que un musical son tres disciplinas, baile, canto e interpretación, trabajando juntas y al mismo tiempo separadas fue vital. Tienes que dedicarle tiempo a cada una de ellas para poder avanzar. Por ello, se trabajaron las coreografías por un lado, las canciones por otro, y, poco a poco, los personajes iban tomando forma también en sus escenas de conflicto. Creo que la cercanía de la trama, la vitalidad de los números musicales y la comicidad de los personajes, hace que le cojas mucho cariño y aprecio a este musical. Enfrentarse este año con unas veintidós canciones con varias coreografías grupales y demás locuras nos acercó muchas veces a la extenuación, pero es una propuesta que hemos disfrutado un montón. Se ha creado grupo, se ha sentido muy bonito el esfuerzo creativo de los alumnos y nos llevamos momentos muy divertidos. El poder embarcarte en propuestas tan dispares te hace querer conocer mucho más de otras disciplinas, como la iluminación, que te hace realmente esforzarte porque las diferentes escenas luzcan, se hagan más bonitas y llamativas con la estética mágica que aportan los focos sobre el escenario. Te aferras a esos lugares que visitamos donde excelentes profesionales con suma amabilidad te muestran “su casa”, sus mesas de iluminación y preparas con ellos el aspecto más idóneo para las diferentes historias. Cada vez que nos surge la oportunidad de actuar en un teatro intento aprender de las posibilidades con las que nos topemos. Independientemente de la dotación técnica, el espectáculo ha de salir adelante y en la adaptación a cada uno de los escenarios está el verdadero aprendizaje. Desde la gozada de un teatro equipado con muchos focos, mesas de sonido e iluminación modernas, a los teatros más rudimentarios e incluso al trabajo directo en la calle, siento que disfrutar del proceso es la salud y la alegría de dedicarse a esto. Tampoco quería olvidarme ni del grupo infantil ni los de los junior. Nuestros más pequeños sacaron adelante la obra de “Salvemos a los océanos” una obra sobre el peligro de los plásticos en nuestros mares y océanos. Ha sido muy emocionante dar clase a unos niños que disfrutan haciendo teatro, se dejan guiar y saben hacer personajes y trasmitir emociones. Su cariño y vitalidad han sido regalos para mí. Los grupos junior, un año más demostraron su capacidad creativa imaginando y creando sus propias propuestas. Estos adolescentes me sorprendieron con su creatividad, me dieron una llave para que conociera sus mundos de videojuegos, amistad y fantasía con sus propuestas de “El juego Merkel” y “Cómo nos conocimos”. Me he sentido tan cómoda con ellos que hasta me lancé a formar parte de las propuestas como un personaje más. Fue un momento muy divertido. Cuando ves en ellos cómo trabajan juntos, sientes satisfacción porque hayan comprendido la importancia del trabajo en equipo y deseas que sea algo con lo que se queden más allá del fin de la representación. En suma, este curso 2023-2024, de nuevo ha sido una época de grandes recompensas profesionales y emocionales, me siento más vieja pero más lista y, por eso, quiero agradecer muy sinceramente el proceso de mis alumnos, su ilusión y su fe en las propuestas que les haces, con su aprendizaje, va también el mío. ¿Cómo se prepara el futuro? Este próximo curso 2024-2025 va a ser emociónate. Se cumplen diez años del inicio de Viesqueswood y siento que las emociones van a estar a flor de piel. Tenemos muchas cosas en la recámara. Hay unas tremendas ganas por ir embarcándose en nuevas aventuras. La mirada atrás, tras un periodo como una década, es inevitable. Sólo puedo sentirme muy feliz y afortunada de haber podido llegar hasta aquí. Sentir orgullo por los logros y comprensión por los fallos que me han enseñado a buscar siempre nuevos caminos para seguir adelante. Por eso, creo que este nuevo curso que arranca en septiembre será una época en la que hay que trabajar y celebrar a partes iguales, porque es nuestro deseo seguir creciendo como profesionales, poniendo en práctica aquello de “Teatro y cine para mentes inquietas”. Permaneced atentos a nuestras novedades, hay mucho con lo que sorprenderse. En nuestra página podrás encontrar toda la información relacionada con nuestras clases, talleres, obras de teatro y proyectos varios: Producciones Viesqueswood. 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